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[Columna – El Mostrador] Sin emociones no hay aprendizaje

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Por Manuel Cheyre Triat

Desde la perspectiva de CASEL (organización internacional abocada al estudio del aprendizaje socioemocional), las habilidades socioemocionales son lo que nos permite navegar en el mundo de las emociones de manera de establecer relaciones saludables con uno mismo, con otras personas y con nuestro entorno. Y al igual que cualquier habilidad (por ejemplo, tocar piano), las habilidades socioemocionales se aprenden y se practican. Por eso, la falta de contacto con otras personas durante la pandemia agudizó un profundo daño que veníamos visualizando, y es lo que observamos en el retorno a clases presenciales durante el 2022.

Durante el año 2022, el mundo educativo estuvo marcado por dos principales preocupaciones: la recuperación de los aprendizajes y el aumento en la cantidad de conflictos dentro del aula. Y es que la pandemia remeció y profundizó una crisis educativa que arrastramos hace años.

El foco más inmediato de la recuperación pospandemia ha estado puesto en los aprendizajes cognitivos. Esto era esperable, ya que suele ser el resultado más visible del proceso educativo. Sin embargo, no es el único elemento al que debemos prestar atención. El deterioro de la convivencia escolar que observamos el 2022 con el aumento de un 21,7% en denuncias en la Superintendencia de Educación (según el dato más actualizado), dio cuenta de un profundo daño en las habilidades socioemocionales de los y las estudiantes del país.

Ahora, ¿cómo podemos reparar este daño? ¿Es posible que se nos haya “olvidado” cómo relacionarnos? Para analizar esto, es fundamental remontarnos a las emociones y las habilidades socioemocionales.

Una emoción por sí sola puede entenderse como un estado de ánimo causado por circunstancias tanto internas como externas, que no solo nos hacen sentir de determinada manera –alegres, tristes, orgullosos o avergonzados, por ejemplo– sino que además nos motivan a actuar en relación con nuestro entorno –si algo me da miedo, me alejaré; si algo me alegra, me acercaré–.

Por otro lado, desde la perspectiva de CASEL (organización internacional abocada al estudio del aprendizaje socioemocional), las habilidades socioemocionales son lo que nos permite navegar en el mundo de las emociones de manera de establecer relaciones saludables con uno mismo, con otras personas y con nuestro entorno. Y al igual que cualquier habilidad (por ejemplo, tocar piano), las habilidades socioemocionales se aprenden y se practican. Por eso, la falta de contacto con otras personas durante la pandemia agudizó un profundo daño que veníamos visualizando, y es lo que observamos en el retorno a clases presenciales durante el 2022.

A nivel nacional se han hecho esfuerzos importantes por indagar en el componente emocional de la experiencia educativa de estudiantes; previo a la pandemia veníamos trabajando con los Indicadores de Desarrollo Personal y Social del SIMCE (IDPS) y, durante la pandemia, a través del Diagnóstico Integral de Aprendizajes (DIA). Estas herramientas permiten levantar información a nivel de escuela y del sistema educativo en su totalidad. Sin embargo, para el problema que hoy enfrentamos, necesitamos instrumentos que estén a disposición de las comunidades educativas, para realizar diagnósticos precisos y diseñar estrategias oportunas para enfrentar los desafíos socioemocionales de sus estudiantes.

Como Fundación Educación 2020, con el apoyo de Fundación Mustakis, y la colaboración de expertos y docentes de escuelas, hemos validado un instrumento para medir habilidades socioemocionales en estudiantes escolares de Chile: el Cuestionario Emociones Primero. Este instrumento podrá ser aplicado a partir de marzo por cualquier docente del país, a través de una página web de uso gratuito y con entrega de resultados inmediatos.

Tenemos la esperanza de que desde marzo las y los docentes podrán tener una mirada certera de las habilidades socioemocionales de sus estudiantes a través de esta herramienta, y de esta manera puedan definir y desarrollar estrategias para fortalecer el aprendizaje socioemocional. Solo así, con una perspectiva integral del aprendizaje, la tan urgente reactivación educativa tendrá sentido. Porque sin bienestar emocional, no hay aprendizaje posible.

Fuente: El Mostrador