Confluyendo y recuperando el espíritu en la Región de Atacama

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Acabamos de terminar el segundo encuentro en la Región de Atacama, en Copiapó, Chañaral y Vallenar con profesores y directivos de liceos y colegios municipales y particular-subvencionados. Todos ellos fueron invitados por la CCIRA (Comisión para la Competencia e Innovación en la Región de Atacama), el CNIC (Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad) y el Gobierno Regional, para trabajar innovación y liderazgo con nosotros, y aceptaron el desafío. Y, en realidad, esa descripción queda estrecha para todo lo que se generó, lo que pasó, lo que se recuperó y lo que se percibe que vendrá… mejor dicho, lo que se sabe con la certeza de los compromisos y de las confluencias, que pasará resonando en toda la región del Gran Atacama.

Al principio, no estaban “gozosos” participando. Muchos venían porque les habían dicho que vinieran; otros, porque había que hacerlo y, unos pocos, por esa sensación de que siempre es bueno participar en los seminarios. Incluso hubo quien se aproximó con una actitud de evaluadora externa: “Voy a esperar de aquí a las 12:00 a ver si está bueno esto y así saber si me quedo o no”. También, hay que decirlo, estaban los y las entusiastas que juegan de aliados eternos.

Solo bastó una conversación para poder generar un espíritu de cuerpo, de comunidad, que nos hiciera reencontrarnos con el rol docente, con la responsabilidad de preparar a las generaciones para su habitar, crear el mundo y la sociedad del presente y del futuro. Era como si hiciera falta quitarse un rato todos los tecnicismos, los indicadores, los “deber ser” y los lentes de la fragmentación, para abrir un espacio de

encuentro con los otros profesores de la región, con los problemas de un sistema educacional pensado para un mundo basado en una lógica racional y fabril, con estudiantes, familias y sociedades donde la diversidad más que la homogeneidad parece ser fundamental.

Con la valoración del espacio vino el reconocimiento de una educación integral que considere lo histórico que somos, desde la cultura compartida, la biología que tenemos, nuestro lenguaje, las emociones y relaciones que establecemos.

Los profesores, se abrieron a aprender. Jugamos, bailamos, aplaudimos con la resonancia de estar compartiendo todos. Casi no hablamos de liderazgo o de emociones, porque más bien las vivimos y pudimos autoevaluarnos en nuestra acción.

Construimos un diagnóstico común que nos puso el desafío de tener más tiempo, o mejor, de darle prioridad al aprendizaje en las comunidades educativas, sobre todo a los adultos que forman parte de ellas. También valoramos los espacios de confianza generados, el poder decirse con cariño qué es lo que debemos aprender para tener mejores equipos, para poder tejer redes en la alianza de la formación, y finalmente, crear y creer en sueños colectivos abriendo espacios donde ni siquiera los temas puedan estar predeterminados.

Claro que vimos distinciones para poder tener una comunicación más efectiva, y eso se notaba que lo valoraron en su gestión, pero yo diría que identificamos en el diagnóstico una arista más preocupante. El declarar que se han perdido los sueños en educación, y eso no es cosa que pase por ninguna gestión innovadora. Creer que la acción que se hace es irrelevante o que se ha perdido el amor a las preguntas, requiere de una inyección urgente al corazón, a la empatía y al amor.

La verdad es que con estos dos encuentros que hicimos, no es que se haya producido el cambio que necesitaba la región, pero la declaración de los profesores al terminar el seminario fue diferente. Abrirse al aprendizaje, sentirse fortalecidos, establecer redes con otros, haberse encontrado con los colegas, fue lo que dijeron.

Fue maravilloso escuchar de uno de los directores decir que esta instancia le sirvió para recuperar sus sueños, para darse cuenta que desde que había decidido ser profesor hasta el presente, se le habían ido reduciendo los sueños y el mar de posibilidades. Este seminario, le ayudó a detenerse a reflexionar, a recuperar ese llamado inicial del educador, volver a encender el fuego de enseñar.

Estos encuentros nos hizo sentirnos y nos abrió la posibilidad de reencantarnos con una dosis de locura, de saber que es posible trabajar con los otros, aprender y concretar cambios.

Me encantaría publicar la cara de cada uno de los estudiantes de la zona y de cada uno de los profesores con los que estuvimos trabajando para que vieran el maravilloso grupo humano que tenemos en el país.

Ahora comenzaremos a trabajar en un encuentro regional que nos siga ampliando los sueños y articularemos todas las propuestas de Copiapó y Chañaral para hacérselas llegar a cada autoridad que supo de este seminario.

Así lograremos las Confluencias en Atacama.

 

Gabriela Guzmán

Directora de Desarrollo

Fundación Caserta